domingo, 19 de octubre de 2008

Helena y el juicio de Paris

Apolodoro escribió que Tetis fue una vez cortejada tanto por Zeus como por Poseidón. Se cree que Proteo (en otras versiones se dice que fue Temis) le profetizó que un hijo nacido entre Tetis y él destacaría sobre su padre. Recordando Zeus lo que ya había ocurrido entre Urano y Cronos, y cómo él mismo había derrocado a su padre decidió hacer caso a la profecía y antepuso su deseo amoroso y sexual a una decisión política. Además se evitó que Tetis se uniera con otro dios porque el nacimiento de un dios poderoso podía poner en jaque todo el orden celestial. Así lo relata Ovidio en la metamorfosis:

En efecto, el anciano Proteo había dicho a Tetis: diosa del mar, concibe; serás madre de un joven que en sus años de fortaleza superará las hazañas de su padre y será llamado más importante que él”. Así pues, para que el mundo no tuviese nada mayor que Júpiter, aunque en su pecho había sentido unos fuegos nada tibios, Júpiter evitó la unión con la marina Tetis.

Por consejo de Hermes, el mensajero de los dioses, Tetis fue entregada en matrimonio al mortal Peleo, rey de los mirmidones.
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La boda fue recibida con beneplácito por todos los dioses del Olimpo. El orden político estaba resguardado. La boda de Tetis y Peleo se celebró en el monte Pelión y todos los dioses fueron invitados al festejo. Allí celebraron el matrimonio con un banquete. Apolo tocó la lira y las Musas cantaron, cuenta Pindaro. En la boda, Quirón le regaló a Peleo una lanza de madera de fresno y Poseidón los caballos inmortales, Balio y Janto. Sin embargo, se cometió un pequeño error, Eris, la diosa de la discordia, no fue invitada. Para vengar la afrenta Eris arrojó en medio de la fiesta una manzana dorada (pomum aureo), que tenía inscrita las palabras: “Para la más hermosa”. Tres diosas se creyeron con derecho a poseerla: Hera, Palas y Afrodita.

Nadie quería intervenir en la disputa, ni Zeus se atrevió a ser jurado. Cualquier decisión sería equivocada, cualquiera de las diosas no favorecida se vengaría de él. Así que, por consejo de Hermes, Zeus decidió encomendar la elección a un joven mortal llamado Paris. Éste había sido criado como pastor, alejado del mundo y desconociendo que era hijo de los reyes de troyanos Hécuba y Príamo.
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El dios mensajero, Hermes, fue enviado a buscarlo con el encargo del Juicio que se le pedía; localizó al príncipe-pastor y le mostró la manzana de la que tendría que hacer entrega a la diosa que considerara más hermosa. Precisamente por eso lo había elegido Zeus, París había vivido alejado de las pasiones humanas. Así, se esperaba de él que su juicio fuera absolutamente imparcial.

Las tres diosas se aparecieron desnudas y con toda su magnificencia ante el joven príncipe. Cada una de las diosas pretendió convencer a Paris e incluso sobornarlo. La diosa Hera, esposa de Zeus, le ofreció todo el poder que pudiera desear; Atenea, diosa de la inteligencia y del combate, le ofreció la sabiduría o, según otras versiones, la posibilidad de vencer todas las batallas a las que se presentase; Afrodita, le ofreció el amor de la más bella y perturbadora mujer del mundo: Helena, la hija de Zeus y Leda. Nacida de la unión de Leda con Zeus metamorfoseado en cisne.

Paris se decidió finalmente por Afrodita, y su decisión trajo graves consecuencias para su pueblo. La hermosa mujer que Afrodita ofreció a Paris era Helena, la esposa del rey de Esparta, Menelao, hermano del rey Agamenón, jefe de la liga helénica. Paris fue a Esparta donde raptó a Helena. Los griegos partieron hacia Troya para vengar el rapto: Esta fue la causa de la guerra de Troya.

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