"Leda" de Joel Peter Witkin (Los Angeles, 1986, tiraje de 3 copias. Fotografía 72 x 71,5 cm). Se encuentra en la Galería Baudoin Lebon de París y Harry Lunn de Nueva York. Y está reproducida en su libro "The bone house".
Witkin metamorfosea a Leda en un personaje masculino, en una drag queen de Los Angeles con problemas de raqutismo, probablemente por la polio, que actuaba en films homoeróticos, y lo embellece tratandole como mujer hermosa. Witkin desmitifica el arte tal como se concibe y niega que solamente la mujer sea bella. En esta versión de Leda, la diosa aparece con los ojos tapados. Es un tema recurrente en la obra de Witkin, sus sujetos llevan usualmente máscaras, vendas, que nos provocan incomodidad.
Abajo, en un ángulo, se muestra un huevo roto del que han salido gemelos siguiendo el referente mítico. Dentro de la cáscara del huevo ha encendido una bombilla. Para conseguir los bebés Witkin pagó a sus madres 50 dólares.
Además, ha sacado de su contexto a Leda y el cisne, que ya no aparece en un paisaje. La imagen está fotografiada en un interior con un decorado, el cisne está sobre una caja y el suelo está cubierto de orina. En la imagen vemos arañazos negros y blancos que constituyen parte del fondo y una zona de indefinición en los bordes, un factor de su pictorialismo que se enfatiza con la elección de la imagen en blanco y negro.
Witkin creó la fotografía en una sola toma, utilizando una luz estroboscópica.
Joel-Peter Witkin (nacido el 13 de septiembre de 1939 en Brooklyn, Nueva York) es un fotógrafo estadounidense cuyas fotografías reflejan lo grotesco y oscuro de la sociedad que tanto escandaliza a esta. Se trata de un artista provocador que ha sido marginado y críticado por la opinión pública, factor determinante en su poca fama como artista. No obstante, dentro de la cultura underground es muy admirado, no solo por otros fotografos sino también por músicos.
Durante su juventud, trabajó como fotógrafo de guerra en la Guerra de Vietnam. Más tarde estudió escultura en la Cooper School Of Fine Arts de Brooklyn donde consiguió un título en artes en 1974. Después de que la Universidad de Columbia le concediera una beca terminó sus estudios en la Universidad de Nuevo México en Albuquerque donde consiguió su Master en Bellas Artes. Su obra se inspira en un suceso inusual que vivió el fotógrafo en su infancia: la presencia de un accidente de automovilístico donde una niña resulto decapitada. Las dificultades en su familia también fueron influencia para Witkitn.
La temática principal de sus fotografías involucran hechos como muerte, sexo, cadáveres, miembros amputados, seres marginales (enanos, transexuales, hermafroditas, deformes,…). Las escenas donde se hayan sus personajes suelen ser escena bíblicas o parodias de cuadros famosos. La forma de ver el arte de Witkin ha provocado malas reacciones en la opinión pública, siendo acusado de explotador (de sus modelos) y marginado como artista.
El artista James Russell May integra y sintetiza -de manera mágica y brillante- los amores del cisne... (e incluye a Ganímedes, porque siempre las copas fueron importantes para el Dios)
El amor busca plumas clandestinas
Nació bajo la luz de una tarde de estío.
Súbitamente herido,
por calles, por tranvías, por geranios, por trajes,
liquen de labios, desplegó sus alas.
Rodó por archipiélagos de madreselva húmeda,
por vinos aromados y miradas furtivas,
pero temió las cárdenas navajas
que al inocente acechan.
Por la tronera trémula del pino
podían dispararse cerbatanas,
flechas extintas como espejos sucios.
...Súbitamente herido.
El amor busca plumas clandestinas,
rodando por los nombres de los meses,
errando las ambiguas direcciones,
bares de moho, pensativas lunas,
súbitamente herido.
Tenía grandes alas, como fuentes,
como cedros, crepúsculos, alondras;
iba por avenidas y jardines
encorvado de piedras y deseo...
Súbitamente herido.
Oh los deseos que en el tiempo anidan,
que incuban sus estrellas, sus acíbares,
y sobre el campo hostil dejan cristales,
nácar de empuñadura de navaja,
caparazones de marfil, diademas
de sangre sexual. Buscaba plumas
clandestinas, covachas, paraísos
terrenales, ocultos, donde el hombre
no acosa como hiena, como hombre,
como sonrisa cómplice, ni escándalo.
¡Qué escándalo de plumas! Centinelas
de la certera soledad prendían
hachones en la noche
por barrancos, colinas,
por cactos polvorientos, por yacijas
donde el amor inventa su mínima aventura,
súbitamente herido.
El amor se resiste a los acosos,
súbitamente herido,
tiene oídos nocturnos, grandes ojos. súbitamente herido, las alas cubren con temor su torso, súbitamente herido, y es feliz con sus plumas de abandono, súbitamente herido.
Acacias, gritos, campanadas, sombras, buzones, fechas, compasión, sollozos: para que su rumor no desvele a los bosques, pasa el amor con la noche en los hombros.
Antonio Carvajal. Nacido en Granada en 1943; es doctor en Filología Románica por la Universidad de Granada y titular de Métrica; es miembro de la Academia de las Buenas Letras de Granada. En 1990 el Premio Nacional de la Crítica. Considerado uno de los poetas mayores de la España contemporánea, se le considera el autor más caudaloso e infatigable de la llamada Generación del 70. Notable renovador de la tradición poética andaluza, artífice de una versificación depurada e innovadora, ha seguido fielmente, desde su primer poemario, la línea de la poesía barroca. Su poesía se caracteriza por una celebración -con profunda raigambre filosófica- de la vida y del amor.
Según la Real Academia Española el término zodíaco en astrología hace referencia a la "zona o faja celeste por el centro de la cual pasa la Eclíptica. Tiene de 16 a 18 grados de ancho total; indica el espacio en que se contienen los planetas que solo se apartan de la Eclíptica unos 8 grados y comprende los 12 signos, casas o constelaciones que recorre el Sol en su curso anual aparente, a saber, Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis".
Etimológicamente, para el estudioso Webb en el libro Los nombres de las estrellas, "el significado original de zooidion, que es un diminutivo de zoon, se refiere a una figura pequeña, pintada o tallada, y así los usa Heródoto (Historias, I.7o). Más tarde se le dio también a grandes figuras... El término zodíaco deriva, por tanto, de las figuras pintadas en él, y es un error etimológico, muy común, suponer que las figuras deben ser de animales".
Después de tantos tecnicismos astrológicos nos quedamos con la definición que da Gerardo Diego sobre lo que es un Zodíaco: "Blancas teorías de estrellas// las más firmes, las más bellas", y le damos entrada a su poema, en el que hace dos hermosos guiños a Leda. En el primero -como es de suponer- en el signo de Géminis (Pólux y Castor), nacidos del huevo de Leda.
El segundo guiño está presente en el signo de Virgo, que aunque en la actualidad se encuentra asociado a la virginidad y al mito de Astrea, hija de Zeus, única diosa Virgen y al cinturón de Hipólita -según otras fuentes-, en la antigua Grecia consideraban a Virgo como una diosa que tenía la función de mediar entre el espíritu y la materia, así como la de unir la inteligencia con las necesidades de la vida. Se trataba de una diosa relacionada con la procreación. Se cuenta que en los ritos a Virgo se exigía que al igual que cada árbol daba su fruto, la mujer entregara su virginidad a la diosa con el fin de atraerse la fertilidad. Pensamos que el poeta le da esta última significación, además de relacionar al color blanco con la virginidad y con la albura del plumaje del cisne, también podemos hurgar en aquéllos deseos de poseer lo imposible, pues el cisne (Zeus) ve a la hermosa virgen y piensa en Leda, en aquel momento, en aquella entrega mágica y ritual.
Zodiaco
Gerardo Diego
Zodiaco. Banda de Geos.
Cruces. Medallas. Trofeos.
Gira lenta la correa
de la eclíptica polea.
Se inclina en bello viraje.
Vuela sobre el paralaje.
Blancas teorías de estrellas,
las más firmes, las más bellas.
Las doce constelaciones
enlazadas de las manos
cantan celestes canciones
que no entienden los humanos.
Oh, corona sideral
inocente y virginal.
Los coluros y los tròpicos
son aros vacuos, utòpicos.
Tú ciñes de invierno a invierno,
amoroso, mi planeta
Tú, Zodiaco, eres eterno.
A ti te canta el poeta.
ARIES
Intrépidos Argonautas. Jasòn.
La copa de las regatas, el Toisòn,
(En Rodas, Apolonio
os dará testimonio.)
Aries apunta sus cuernos
primaverales,
los tiernos
recentales.
En cada punta una estrella.
Andròmeda la bella
querría huir galopando sobre Pegaso.
Pero Pegaso
va paso a paso.
Aries. Riqueza. Violencia,
nos pronostica la ciencia
sideromántica, astròloga.
Ebulliciòn biòlogo.
Aries. La doncella hermosa.
En el rosal la rosa.
TAURO
Tauro. Potencia. Vigor.
Sangra, escarba, muge, topa.
Tauro es Júpiter raptor.
Sobre sus lomos, Europa.
(El Buey Apis cruza lento
contra escarnio y contra viento.)
El horòscopo adivina
obstinaciòn, lucha, inquina.
Tauro. Fuerza. Sexo. Arde
el macho en celo. El cobarde
de vergüenza palidece.
Tauro todo lo enrojece.
Y, oh paradoja divina:
sobre el sangriento Aldebarán se posa
la mariposa,
la golondrina.
GÉMINIS
Géminis. Los dos hermanos
iguales y paralelos.
Sobre los hombros, las manos.
Castor y Pòlux, gemelos.
Deteniendo su cuadriga
los examina el Auriga.
Géminis, símbolo profundo.
El viudo busca su pareja.
Sobre la corola, la abeja.
Bajo el sol, el amor fecundo.
Los hijos de Géminis son nobles.
Su espíritu alto. Sus amores dobles.
Paraíso de los andròginos.
Infierno de los misòginos.
El águila bicéfala vuela
invulnerable a las balas.
Al alma le nacen dos alas.
y persigue al alma gemela.
CÁNCER
Cáncer. El Sol llega al tròpico
y empieza a andar del revés.
Cáncer. El Sol microscòpico
se abate sobre la mies.
Sombras enanas
y fuegos artificiales.
Reverberan las vestales
humanas.
En el cielo arden hogueras.
Caen estrellas en las eras.
Huele la Luna. Es el gran
panselenio de San Juan.
Humor fantástico. Viajes.
Germinaciòn de lunáticos.
Van por celestes parajes
fanáticos.
Cáncer. La Luna princesa.
El Sol la alcanza y la besa.
LEO
Leo. El cuerpo y la cabeza.
(¿Un leòn o un ave coja?)
La melena de Su Alteza
es aromática y roja.
Régulo: la garra en alto,
preludio de heroico asalto.
Pòlux, medroso, se abraza
a Castor. Y todos: ¡Plaza!
-gritan- ¡Plaza al Rey!
Quia nominar... Es la ley.
Leo. Vino, sangre y fuego.
La Rueda de la Fortuna.
Si la bola es oportuna
hay herencia. Pero luego...
Leo. Dormita, bosteza.
...No despertéis a Su Alteza.
VIRGO
Virgo, en las manos de cera
levanta la rubia Espiga.
Y derribada en la era,
dice la virgen: -Mi amiga,
mi amiga casta y sin velo,
la blanca Virgen del cielo.
Quién pudiese ir en un vuelo-.
La mira el Cisne y piensa en Leda.
Como pueda...
-Pon en mis ancas tu raso
-dice Pegaso-.
Virgo, llamas refrenadas.
Mieses. Sol. Dulces miradas.
Horòscopos de demencia.
Peligros de adolescencia.
Sueñan las doncellas
amantes;
vuelan las estrellas
errantes.
LIBRA
Libra. Los platillos llenos.
a, y, arriba P,
el clavo que los sujeta.
Los frutos colman sus senos.
Es el fiel. Ni más ni menos.
Libra. Cosechas. Vendimias.
En las retortas de alquimias
y en los magos alambiques
descifran los nigromantes:
-Nadie al amor pone diques.
Mas tened cuidado, amantes-.
La dama de la pelerina
se ha enamorado de Arturo.
Adiòs, golondrina.
El cielo está ya maduro.
ESCORPIO
Escorpio. Se retuerce en los mares
horizontal.
Saluda la rojiza Antares
a la Cruz Austral.
Mordeduras. Baba. Ira.
La Virgen, en el trapecio,
se columpia y le mira
con desprecio.
Se enreda la madeja
de las estrellas. Una se queja.
Y hay un secreto trigonométrico
en su laberinto geométrico.
Algunas se desgajan
y como hojas secas bajan,
haciendo eses,
a posarse sobre los cipreses,
de los cementerios.
Escorpio. Audacia. Adulterios.
Esta mañana
se nos ha muerto la hermana.
SAGITARIO
Sagitario. El arco estalla.
Tiembla la aguda saeta.
El bello centauro-atleta
en escorzo de batalla.
Apunta. Salta la flecha.
Parábola. El arco vibra.
Ha herido a Escorpio o a Libra.
Y cae la estrella deshecha.
Dicen todos: -Sagitario-
y hay un temblor extraordinario.
Hasta el Águila se inquieta.
Recoge su cola el cometa.
Sagitario. El gran obstáculo,
dice el oráculo.
Todo bien o todo mal.
Omnipotente o fatal.
Sagitario, ¿es tu saeta
la que malhiriò al poeta?
CAPRICORNIO
Capricornio. Alarga el cuerno.
Corvas y velludas piernas.
Invierno.
Nieves eternas.
Capricornio topa y salta.
Ostenta
la cornamenta
de las cabras de Malta.
Irònico signo
maligno.
El Cisne patina
por la onda cristalina.
Pronòsticos: genio activo.
Fallan las patas de chivo.
Balancea el tallo Sirio.
Inmaculado lirio.
Capricornio. Tus placeres
los mejores.
Rubores
en las mujeres.
ACUARIO
Acuario. Ondas de cristal.
Paisaje submarino.
Aurora boreal
sobre el resplandor alpino.
Orion, el gran cazador,
se convierte en nadador.
Ha visto al Delfín
y a las ondinas del Rhin.
Las estrellas, burbujas
somormujas.
Nacen ahora los sinuosos,
movibles y caprichosos.
Verbena
ártica en los bulevares.
Queda presa la Ballena
entre los hielos polares.
PISCIS
Piscis. Juegos. Culebreos.
Las cabecitas biplanas
guiñan los ojos. Mareos.
Trenzadas filigranas.
La Ballena los acecha
y ellos huyen paralelos.
Ha quedado deshecha
la prisiòn de los hielos
Piscis. Espíritu inquieto
propenso al mando y al reto.
El mundo muere. Nace el mundo.
El niño rubicundo
retoza en la cuna.
Se pone su antifaz la Luna.
El Zodiaco vuelve a empezar.
Girar. Girar. Girar.
Dame la mano, hermana:
Vamos a bailar la sardana.
Conjunción de Isis, Venus y Leda Maria Varas
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Gerardo Diego. Poeta perteneciente a la generación del 27. Nació el 3 de octubre de 1896 en Santander. Estudia la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Deusto y allí conoce a quien sería después un amigo esencial en la vida literaria, Juan Larrea. Fue catedrático de Lengua y Literatura en Institutos de Soria, Gijón, Santander y Madrid. En Santander dirigió dos de las más importantes revistas del 27: Lola y Carmen. Fue uno de los principales seguidores del Ultraísmo y del Creacionismo. En 1925 obtuvo el Premio Nacional de Literatura, ex aequo con Rafael Alberti. Elaboró las dos versiones de la famosa Antología de poesía. Como profesor, dio cursos y conferencias por todo el mundo. Fue además crítico literario, musical y taurino además de columnista en varios periódicos. Su tarea poética se sigue completando con sus estudios sobre diferentes temas, aspectos y autores de la literatura española, con su labor de conferencista y su destacada crítica musical. Desde 1947 fue miembro de la Real Academia Española. En 1979, se le concedió el Premio Cervantes. Murió el 8 de julio de 1987 en Madrid a los 90 años.
El microrrelato es un género que, se según cuenta la leyenda, nació en la Argentina en 1950 de la mano de Borges y de Bioy Casares, cuando ambos publican la antología Narraciones Breves y extraordinarias, en la que aparecen relatos hasta de dos líneas. Diez años después, Cortázar con la publicación de Historias de Cronopios y de Famas lo da a conocer en Europa.
El microrrelato sorprende por la brevedad, la síntesis y la fuerza de su final, en pocas palabras el autor debe concentrar la magnitud de una historia, lo que obliga al lector a convertirse en cómplice, a jugar con el escritor, a sorprenderse y buscar lecturas distintas en cada palabra, en cada signo, en cada simbolismo. Para nosotros, el microrrelato en la pasión por escribir, es como un clímax, corto, breve e intenso.
Leyendo, buscando y redescubriendo, hemos dado con un microrrelato de la argentina (que parece que la leyenda es cierta), Alba Omil, quien a través de Helena, la de la fatal belleza, nos cuenta la génesis de la semidiosa, un pequeño guiño, lleno de intensidad, un microrrelato:
Helena
de Alba Omil
Salió del huevo con cuerpo de mujer y gracia de ave.Por cada uno de sus poros cantaban la vida y la hermosura sus triunfos y sus goces.En el fondo de sus ojos claros, esperaba una montaña de guerreros muertos
Leda me ha contado algo muy personal, y aunque no lo verbalizó, intuyo que quería que le hiciera llegar esos sentimientos al cisne... y he pensado que una buena manera de hacerlo es mediante una postal... donde el anverso de mis torpes palabras sea acompañado por el reverso de una linda imagen. Sin embargo, no sé cómo encarar el mensaje, no sé hasta qué punto pueda o deba o quiera inmiscuirme en esa relación. Ella, por lo que me ha dicho, ya le ha enviado algunas, y la reacción del dios no siempre ha sido agradable.
Mientras Leda me hacía la petición, la miraba y sentí su tristeza. Pude sentir que ella, aunque no lo vea, siempre está al lado de su cisne, lo presiente, lo siente, lo lleva en ella. Más allá de la esencia del ánade, más allá de aquella cópula divina, más allá de los dióscuros, más allá de Helena... Leda lleva en su sangre cada pluma del dios... y como lo necesita y necesita comunicarse con él cada momento, cada segundo de su existencia, le envía postales para que no olvide aquel momento (no sabemos si llegan al Olimpo,)... Estas postales son exclusivas para el cisne, para que sepa que ahora, más que nunca, Leda lo necesita... porque las postales también son para eso, para renovar el amor, para avisar cuánto se ama, cuánto se necesita, cuanto se desea... la presencia del cisne.
En 1865, el Consejero de Estado de Prusia, Heinrich von Stephan propuso la circulación de cartas oficiales sin sobre. No tuvo mayor repercusión y la idea se olvidó durante cuatro años. El 2 de julio de 1869 en el diario austriaco Neve Freir Presse el artículo titulado Nuevo medio de correspondencia postal, logró captar la atención del Director de Correos y Telégrafos de Viena, el barón Adolf Maly que promovió una ordenanza real en la que la idea era tomada en cuenta. Comienza oficialmente la historia de las tarjetas postales.
El uso de las tarjetas se extiende rápidamente por todos los países Europeos y por Estados Unidos. Hasta ese momento era de uso oficial y los gobiernos se reservaban su impresión, pero tanto éxito tuvieron que algunos particulares comenzaron a editar sus propias tarjetas (privadas) que, a diferencia de las oficiales, requerían de la adhesión de un sello para ser enviadas. Durante 1870 los impresores privados (alemanes, franceses y estadounidenses), logran que sus gobiernos liberen la actividad. A partir de allí la creatividad personal y el desarrollo tecnológico de los sistemas de impresión permitió la edición de tarjetas postales ilustradas con vistas de ciudades y paisajes.
Esas primeras postales eran de papel encartonado de forma rectangular y de desigual dimensiones. El anverso se reservaba para los sellos, nombre y dirección del destinatario, y el reverso para la comunicación, firma del remitente y, reducida a la mínima expresión, la ilustración. Por ello, si el mensaje era más largo se tomaba la imagen como espacio para escribir.
La edad de oro de las Tarjetas Postales va de 1900 a 1914. En1905 quedan atrás aquellos tiempos en los que nadie se interesaba, y comienza un verdadero auge entre el público y los impresores, quienes comenzaron a ser más osados en su diseños y, no sólo se interesaban por paisajes de grandes ciudades o puertos, ahora la novedad eran escenas cotidianas, armas, mariposas, reyes y un sin fin de ex caeteras (etc.) y entre esos, nuestra Leda, quien con su cisne o con muchos cisnes, vestida o desnuda, en fiestas paganas o recreaciones exactas de cualquiera de sus famosos cuadros, se convierte en sujeto de culto, uso y abuso de los impresores, turistas, familiares, amigos y coleccionistas.
Y gracias precisamente a los coleccionistas hemos encontrado múltiples y variadas tarjetas postales en las que el motivo principal es nuestro motivo: Leda y su Cisne... para cartófilos/as, ledófilos y cisnófilas.
Bien parece que, al crearte, no te dio la suma diestra tan celestial hermosura y gracia tan halagüeña, sino por negarte dichas y alegres horas serenas, de éstas así descontando lo que prodigó en aquéllas: pero, ¿cuándo, dime, cuándo no fue infeliz la belleza? ¿Cuándo no fueron las gracias blanco de la suerte adversa? Tu dulce hermana lo diga, aquella Emilia hechicera que en el abril de su vida sepultó la oscura huesa.
Tú de tu clara familia, de Lima ornato y presea, tan bella cuanto infeliz, tan infeliz cuanto buena, la más desgraciada fuiste, como fuiste la más bella, pues era fuerza que iguales desgracia y beldad midieras.
Sólo alumbraron tu llanto las tristes nupciales teas, y donde otras hallan dichas tú sólo lutos y penas: y por que ni perdonados tus mismos encantos fueran, hoy abate tu hermosura horrible extraña dolencia, que de tus ojos divinos los soles radiantes ciega y el cuerpo airoso y flexible a eterna calma condena.
¡Ay! ¡cuán otra mis recuerdos te ven en mi edad primera, cuando un ángel semejabas recién bajado a la tierra y rivales no oponía a tus once primaveras la patria ciudad que sólo beldades por hijas cuenta! ¡Cuán otra te vi más tarde en Nápoles y en Florencia y en las tumultuosas calles de la capital eterna; cuando el altivo romano, admirando a la extranjera, su belleza anteponía a la romana belleza, y parándose a mirarte, seguía con vista atenta, hasta perderlo distante, tu abierto coche que vuela!
Y al visitar a tu lado las galerías soberbias que, cual población marmórea, millares de estatuas llenan, con atónitas miradas, te vi, divina Enriqueta, competir en hermosura con las hermosuras de ellas, y parecer viva estatua y animada efigie griega, entre deidades de mármol y entre mujeres de piedra.
De las tres ínclitas Diosas que al bello raptor de Elena árbitro hicieron en Ida de su insigne competencia, te comparaban mis ojos con las efigies perfectas, y adunar te vi de todas las perfecciones diversas: que en la majestad a Juno, en la pureza a Minerva, y en la gracia te igualabas a la dulce Citerea. Doquier que fuiste, el Hispano, el Anglo, el Francés, el Belga en ti prefirió a las patrias la rara beldad limeña: coral que perlas abrían era tu boca pequeña, y tu frente y tus mejillas rosas blancas y bermejas; tus ojos resplandecían cual las hermanas estrellas de Géminis luminoso, en luz y en beldad gemelas; tu cuello hermoso y flexible el ave envidiar pudiera en cuyo disfraz fue Jove furtivo esposo de Leda; no hay flor que al beso del aura. Con tanta gracia se meza, cual tu talle se mecía al mover tus blandas huellas; y del castaño cabello la derramada madeja toda entera te envolvía, como el manto de una reina.
¡Ay! que para mí ese tiempo ni para ti feliz era, aunque sus horas fugaces el alma de menos echa; porque siempre lo pasado con deseo se recuerda, aunque triste y doloroso como lo presente fuera.
Cierto que más infelices somos hoy, cara Enriqueta, dando el hado inexorable a más años más miserias. Yo, enferma la débil carne y el alma aún más enferma, arrastro una triste vida que larga muerte semeja; y entre tantas desventuras no es la que menos me aqueja el que hoy viviente cadáver mis tristes ojos te vean.
Mas tu mal no sobrepuja de tu espíritu las fuerzas, a padecer enseñado desde juventud tan tierna: y cual roble a quien no abate el furor de la tormenta, cuanto más aquél se ensañacrece más tu resistencia; sin que arranquen tus dolores, cuando más fieros arrecian, ni una lágrima a tus ojos ni a tus labios una queja.
A los más fuertes varones tú, débil mujer enseñas a sufrir, y de constancia eres sublime maestra: del propio mal olvidada, ajenos malos consuelas; y cuando oyes de los tuyos los ayes y las querellas, con relatos apacibles con donaires los alegras, y queja y llanto prohíbes y regocijos ordenas: siendo el último prodigio de la humana fortaleza que todos sientan tus males y tú sola no los sientas.
Y yo aprender de tu ejemplo tan alta virtud debiera, mostrando menos al mundo mis lágrimas y mis quejas, y oponer a las desgracias el broquel de la paciencia, imitándote en sufrirlas, pues te imito en padecerlas.
Eleanor Abbot
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Clemente Althaus Nació el 04 de octubre de 1835 en el seno de una familia peruana acomodada. Fue hijo de Clemente Althaus von Hessen, un militar alemán al servicio del Perú, a quien no pudo conocer porque murió cuando el poeta sólo tenía 4 meses de nacido. Su madre, María Manuela Flores del Campo, falleció también cuando contaba diez años. Acaso esta falta de vínculos familiares desequilibró algo su espíritu. Desde muy joven fue presa de la neurosis. Empezó a publicar en el diario El comercio de Lima. A manera de terapia, viajó por Europa entre 1855 y 1863 y tuvo oportunidad de recorrer Francia (1855-57), Inglaterra (1857), Italia, España, Alemania (1861 a 1862) y de nuevo Francia (de 1862-63). Italia lo impresionó fuertemente, en especial la poesía pesimista de Giacomo Leopardi. Visitó con devoción los museos y lugares históricos. El arte italiano inspiró también muchos de sus poemas. Se familiarizó con las letras clásicas y las corrientes literarias en boga, al punto de convertirse en uno de los escritores más cultos de su tiempo. Tradujo poemas clásicos y románticos italianos, en especial, Petrarca. Cuando regresó a Lima -en 1863- ocupó durante unos años un empleo en el Ministerio de Hacienda, pero renunció por considerar incompatibles las letras y los números. Pasó a ser censor de teatros y Profesor del Curso de Literatura. Publicó en Lima un grueso volumen de sus Obras poéticasPero nuevamente se sintió impelido a mitigar sus angustias en un viaje a Europa y llegó a París, probablemente en 1879. Manifestó nuevamente los síntomas de desequilibrio nervioso, que lo llevó al estado de locura que le acompañó en su muerte, en un manicomio parisino (1881). De su vida amorosa nada se conoce, presumiblemente, como buen romántico, amó a muchas y no se acercó a ninguna.
Hace un tiempo artistas del photoshop se reunieron, en una especie de concurso, para homenajear a Leonardo a propósito de sus 557 años de nacimiento. Para ello, tomaron distintas obras del artista y le dieron un toque moderno, contemporáneo, divertido o simplemente loco. Nosotros nos deleitamos con esta pequeña locura encontrando a nuestra Leda participando en este concurso de curiosas fusiones...
Y recordando la obra de Johannes Vermeer (La joven con arete de perla), observar este cuadro nos lleva por caminos ya olvidados de la memoria, esos dónde sabemos que está Leda, que la presentimos, que es la imagen viva del sueño, de nuestro sueño... Ver el cuadro me hace recordar la peli y el libro, y desentrañamos, a través de otra holandesa, algunos de los misterios del cuadro, no muchos, por supuesto. Pero, por ahora sabemos que no era cualquier muchacha, era Leda; al fondo había un cisne (el Dios), ella miraba el pasado sabiendo que olvidaría pronto todo en las alas del cisne... una joven con arete de perlas, ojos verdes y Dios al fondo, es Leda.
Sobre la Creación se ha escrito mucho, se ha dicho otro tanto y se ha pintado, reelaborado, releído y redescubierto por artistas y caricaturistas una y otra vez. Así, la Creación de Adán genialmente pintada por Miguel Ángel para la Capilla Sixtina, como una representación del Génesis, forma ya parte de la humanidad, de su patrimonio, de su cultura. Y como nuestro mito también lo es, no es de extrañarnos que encontremos al dios (no al bíblico, al nuestro), dándole vida a Leda, de la única manera que puede Leda recibir el alma del dios: a través de su pico.
Cornelia Pitschi
Ésta, nuestra Leda, no está entre nubes, sino en un cómodo sillón rojo (como la pasión, como lo erótico, como el sexo, como la vida) esperando al Cisne, no en la misma posición de Adán (quien se nos antoja casi un autómata) sino consciente de su entrega: está viva y aguarda, intuye lo que va a recibir. Ellos no están en el cielo, están en la tierra de lo onírico, quizás en un lago en la tierra de los sueños, tierra ciertamente celestial, en la que podemos observar la comunión total, la conjunción con una divinidad cuyo pico simboliza la copulación divina.
Imagino a una Leda solitaria, que camina por un boulevard de vida y alegría, fantasía y sexo, de esos que abundan por allí. La imagino solitaria y pensativa, recordando su encuentro pasado, ya legendario, ya mítico. Lo recuerda y también recuerda que ningún otro hombre o dios la ha tocado desde ese momento. Solitaria, buscando, siempre buscando, ha encontrado -ha sabido encontrar- en pálidas y solitarias noches, su cuerpo. Ese lugar perdido en una marisma, ese lugar que viaja con ella, ese río que no se le borra nunca, porque va en sus venas, sangre no es lo que lleva, es el río, el olor de la hierba, el sol inmenso, la vibración del Dios. Leda se repite en su recuerdo para no olvidarlo nunca. Y no olvida, cada encuentro con ella es unroce leve de esa primera y única unión… y mientras camina y observa vidrieras, su atención se desvía, se centra, olvida todo lo demás: ¿acaso la dulce Leda ve al Dios? ¿acaso una señal divina? ¿un mensaje para que ella sepa que él nunca la ha olvidado? En la vidriera de un sex shop (con todas las implicaciones burdas de la referencia), Leda ve lo que sería una forma de tener al cisne como siempre lo ha querido: entre sus piernas. Los caminos del Dios son inescrutables…
La dama, una mujer alta, con el aspecto de tener unos cincuenta o quizás sesenta años, pero con una imagen sabludable y juvenil, con el cabellor rubio casi blanco, vestida con falda y blusa amplias que ocultan sus formas, calzada con sandalias que dejan ver sus pies desnudos de uñas pintadas y una mochila de colegial de colores alegres colgada de sus espaldas, recoge del césped cortezas caídas de los árboles y las guarda en una bolsa de malla. ¿Para qué? ¿Para usar sus propiedades medicinales? me pregunto ¿Qué extraños cocimientos e infusiones hará en su país con estas cortezas de cedro del Himalaya y de ciprés de los Pantanos recogidas en los jardines de los Reales Alcázares de Sevilla? ¿Tendrá un laboratorio en el sótano de su casa con ollas de barro ennegrecido por el guego donde cocer las plantas, alambiques para su destilación, matraces, probetas y redomas, tarros de tapón de cristal con viejas etiquetas de nombres latinos?
No tiene el aspecto, sin embargo, de ser profesa de las ciencias ocultas, practicas sortilegios con pócimas mágicas, usar ungüentos ni de ejercer la brujería. Sus manos largas, finas y blancas más bien sugieren oficios más inocentes y bellos, como el cultivo de rosas y tulipanes, la confección de encajes y bordados o la pintura a la acuarela de paisajes campestres y de marinas. Se ha sentado en el extremo opuesto del banco semicircular de la Fuente del Gallo, en el que llaman Jardín Inglés de los Reales Alcázares. Las ramas y hojas de Ciprés de los Pantanos cuelgan entre nosotros como un fino y verde cendal.
Yo estoy leyendo un libro de Joseph Conrad, "El espejo del mar" y de vez en cuando tomo algunas notas en mi cuadreno. Son palabras y expresiones marineras que me llaman la atención. La dama me mira y se sonríe; parece querer entablar conversación conmigo. Dice algunas palabras en un idioma que me parece alemán, señalando la bolsa de la cortezas de árbol que reposa a su lado. De haber sabido esa lengua podría haberme enterado de la finalidad y destino reales de dichas cortezas, pero, en el fondo, prefiero dejar la solución del enigma a mi imaginación y fantasía.
Un pato de bello y lustroso plumaje -¿ánade real? ¿mandarín?- venido sin duda del cercano estanque del Jardín de los Poetas, se acerca a nosotros con su cómico andar bamboleante. Se detiene un momento frente a mí, me contempla con descarada curiosidad y continúa su camino hasta acercarse a la dama extranjera. Al parecer, sabe distinguir a una turista, una "guiri", casi siempre amigas de la naturaleza y de los animales, de un indígena probable cazador furtivo y, por supuesto, ajeno a sensiblerías ecológicas. La mochila de la señora rubia le ha llamado la atención. Seguro que trae en ella alguna fruta fresca, pan y una botella de agua, debe pensar, como yo, la bella anátida. No nos equivocamos.
Leda y el Cisne de Miguel Ángel
La extranjera le anima a acercarse, hablándole dulcemente; saca de la mochila un bollo de pan y comienza a desmigajarlo para darle los trozos al pato que los devora ávidamente. Luego se acerca más aún a la generosa amiga y le picotea levemente las uñas pintadas de los pies. Ella ríe complacida por lo que debe estimar como una caricia. A mí me viene de pronto a la mente el recuerdo de esculturas y pinturas representando el mito de Leda y el Cisne, con el apasionado encuentro amoroso del elegante animal alado con la hermosa muchacha desnuda: Vasari, Ammannti, Moreau, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Correggio, como he podido comprobar después en mi biblioteca, dejan memoria en las salas silenciosas de los museos de Florencia, Roma, Estocolmo y Madrid de la ardiente escena mitológica. Claro que en esta ocasión, la mujer extranjera que dialoga con el pato, cubierta por unas prendas sencillas y vulgares, no provoca el recuerdo de la suave piel desnuda de la joven Leda. Aunque también, hay que reconocerlo, el ave, a pesar de su bello plumaje, tampoco sugiere la imagen romántica y evocadora de música y bailarinas de ballet, del blanco y fogoso cisne enamorado del mito clásico.
Leda y el Cisne de Ammannati
La señora termina de dar de comer al hambriento animal, se levanta y se dirige hacia mí. Me pregunta, en inglés esta vez, si estoy escribiendo poesía. Le contesto que no, que sólo tomo datos del libro que estoy leyendo para escribir un relato de ambiente marinero. En realidad, mis últimas anotaciones en el cuaderno, se refieren a la escena que estoy presenciando y tienen el título de "Leda en el Jardín de los Poetas" y entre paréntesis, más abajo, el subtítulo, "La dama y el pato". (Nota: hermoso artículo, pletórico de sueños, recuerdos, ensoñanciones e impresiones, aparecido en el diario Tribuna, el lunes 03 de septiembre de 2007).
Acá hemos encontrado una curiosa doble inspiración. La moda, que da para todo, es un lienzo perfecto para reflejar tanto el mito como el ya legendario y desaparecido cuadro en el que Gustav Klimt recrea el encuentro. Los zapatos, en varias presentaciones, son un homenaje tanto a Leda como a Klimt. Resalta de esta original propuesta que el cisne no sólo se desliza por Leda si no que aparece en distintas posiciones, pero se mantiene el modelo original de la Leda de Klimt.
Del cuadro, ya tratado aquí, se muestra una Leda en una posición muy original, tumbada en la cama boca abajo con las piernas recogidas, mientras un cisne negro, o un Zeus moreno, se desliza por sus caderas mientras ella duerme. De los bolsos y carteras, para completar este original combinación, hablaremos en próximas entradas... Nosotras como fanáticas de Leda no dudaríamos en usar estas cómodas zapatillas.
Pero la moda no sólo va dirigida al público femenino, encontramos un cómodo modelito unisex, también con la doble inspiración. El calzado se llama estudio sobre el rostro de Leda (tal cual como el cuadro de Da Vinci) y obviamente es un homenaje a nuestra reina. Como que Leda nos guie en el camino
Mientras Leda, esposa del rey de Esparta Tindáreo, se bañaba en un estanque cercano al rio Eurotas, fue seducida y poseida por un cisne de resplandeciente blancura que argüía ser perseguido por un águila. Ese cisne era Zeus, que con este engaño conquistó a Leda sin levantar sospechas. Como esa misma noche yaciera con su esposo, más tarde dio a luz dos huevos. En uno de ellos estaban Helena y Pólux (hijos de Zeus y por tanto inmortales), y en el otro Cástor y Clitemnestra (mortales, hijos del rey espartano). Cástor y Pólux, gemelos, llegarán a ser los célebres Dioscuros (Διόσκουροι).