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miércoles, 2 de noviembre de 2011

Los cantos homéricos en honor a los hijos de Leda y Zeus


Aunque Homero, el sempiterno aedo, no hace referencias tan directas como quisiéramos a la leyenda de Leda y el Cisne ni en la Ilíada ni en la Odisea, curioseando nos topamos con una traducción de los Himnos Homéricos de Luis Segalá y Estalella que, sin embargo, hacer un breve guiño para alavar a los Dióscuros Póllux y Castor, a su divinal nacimiento y al don de los Dióscuros para rescatar a los nautas perdidos. He aquí, una de las piezas más hermosas de los Himnos Homéricos:


"Habládme, oh Musas de ojos vivos, de los Dióscuros Tindáreos, hijos preclaros de Leda, la de hermosos tobillos, -Castor, domador de caballos y el irreprensible Polideuces, -a los cuales aquélla, habiéndose unido amorosamente con el Cronión, el de las sombrías nubes, dio a luz bajo la cumbre del gran monte Taigeto para que fueran salvadores de los hombres terrestres y de las naves del curso rápido cuando las tempestades invernales arrecian en el implacable ponto. Entonces, los que navegan invocan suplicantes a los hijos del gran Zeus y, subiendo a la parte más alta de la popa, les ofrecen blancos corderos. Y cuando ya el fuerte viento y las olas del mar empiezan a sumergir la nave, aparecen repentinamente los Dioscuros, lanzándose a través del éter con sus alas doradas, y en seguida calman los torbellinos de los terribles vientos y allanan las olas en el piélago del blanco mar, hermosos señales de su trabajo en favor de los marineros; quienes, al notarlo, se alegran y ponen fin a su penosa labor.

Salud, Tindáridas, cabalgadores de rápidos corceles; más yo me acordaré de vosotros y de otro canto".


Pollux
Ray Caesar



Castor
Ray Caesar



Anna Mumaw

sábado, 25 de julio de 2009

Leda en la Eneida: de amante a madre y abuela


De Publio Virgilio Marón, La Eneida relata la historia de Eneas desde que huyó desde las costas de la destruida Troya hasta las costas de Lavinia, para fundar lo que sería la gran ciudad de la antiguedad: Roma. El héroe Eneas según palabras de Virgilio "mucho padeció en la guerra antes de que lograse edificar la gran ciudad y llevar a sus dioses al Lacio, de donde vienen el linaje latino y los senadores Albanos, y las murallas de la soberbia Roma".

Según cuentan, la Eneida fue una obra escrita por encargo del Emperador Augusto, quien necesitaba refundar el Imperio y subir la autoestima del pueblo romano, dándole a este un origen mitico: nada más y nada menos eran descendientes de Venus y de Zeus.

Tres referencias directas, de los doce libros, encontramos en la Eneida sobre Leda, nunca la mencionan como amante de Zeus, pero sí como la madre de Helena, quien tantos daños causó a la ciudad de Troya, pues a ella y a sus descendientes, los troyanos deben tanto sufrimiento.

Libro I

Dido, la triste reina, le pide a Eneas que cuente su historia. Mientras esto se dispone a hacer, manda a buscar a su hijo Ascanio. También pide que traigan algunos regalos (un poco de lo que quedó de la ruina de Troya) para la reina Dido, entre los regalos encontramos la primera referencia a Leda, ya no como la amante de Zeus, sino como la madre de la fatal Helena:

"ornatus Argivae Helenae, quos illa Mycenis,
Pergama cum peteret inconcessosque hymenaeos,
extulerat, matris Ledae mirabile donum [...]

"Manda además traer unas preseas, salvadas de las ruinas de Ilión:
una falda recamada de figuras de oro
y un manto bordado en derredor de rojo acanto,
galas de la argiva Helena, que llevó de Micenas cuando fue a Troya
tras un infando himeneo, admirable presente de su madre Leda".

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Libro III

Andrómaca, la esposa de Héctor, le cuenta a Eneas sus infortunios, he allí que encontramos otra referencia a la descendencia de Leda. Habla sobre Hermione, la hija de Helena y Menelao y el infortunio que a ella, esposa de príncipe, le tocó seguir después de la caída de Troya:

(325) nos patria incensa diuersa per aequora uectae
stirpis Achilleae fastus iuuenemque superbum
seruitio enixae tulimus; qui deinde secutus
Ledaeam Hermionen Lacedaemoniosque hymenaeos
me famulo famulamque Heleno transmisit habendam.

[...], Yo después del incendio de Troya, llevada por diversos mares
tuve que sufrir la insolencia de un mancebo soberbio,
hijo de Aquiles, y concebí en la esclavitud;
el cual, prendado al poco tiempo de Hermione, nieta de Leda,
y prefiriendo enlazarse con una Lacedemonia,
me entregó a mí, su sierva, por esposa de su siervo Eleno".

El mancebo soberbio es Neoptólemo, hijo de Aquiles, de quien tuvo descendencia: Pérgamo, Píelo y Moloso.
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Libro VII

at non sic Phrygius penetrat Lacedaemona pastor,
Ledaeamque Helenam Troianas uexit ad urbes?
"¿No penetró así en Lacedemonia el pastor frigio y se llevó a Helena, hija de Leda, a las ciudades troyanas?"


Moonywolf

domingo, 19 de julio de 2009

Ovidio y Leda: entre Paris y Helena


El erótico poeta latino (el expulsado por amar y erotizar a través de la palabra escrita), nos deja un regalo, breve, contundente y corto: algunos guiños latinos, difíciles de obviar.


En su obra Epistulae Heroidum (o Heroides), Ovidio se inspira en aquellas mujeres (semidiosas o heroínas -como indica la traducción- de la cultura, de la religión, de la mitología, del amor), que perdieron o se alejaron de sus amantes por circunstancia adversas.



Ovidio plasma de manera rotunda lo que se siente ante la ausencia, el olvido, la distancia (la maldita distancia), o la pérdida del amor, a través de veintiún cartas que se intercambian esos grandes amores: Penélope y Ulises, Briseida a Aquiles, Dido a Eneas (una de mis favoritas), Deyanira a Hércules; Medea a Jasón, entre otros amores. En las últimas seis cartas Ovidio introduce una variante: los amantes se dan respuestas.

En la epistola 16 es París quien a Helena escribe y allí, están varios guiños, al origen divino de Helena, lo que hace imposible no mencionar al travieso Cisne y a la fogosa Leda.

París le cuenta a Helena cómo dio con ella, qué lo llevó a Esparta, e inevitablemente le narra el juicio, en el que (¿seducido? ¿comprado? ¿sobornado?) la pícara diosa del amor, Venus, tranquilizando al aterrado Paris, le ofrece a la hermosa hija de Leda:

"dulce Venus risit; 'nec te, Pari, munera tangant
utraque suspensi plena timoris,' ait;

'nos dabimus, quod ames, et pulchrae filia Ledae
ibit in amplexus pulchrior illa tuos.'"

En otro guiño, París recordando el momento en el que se encuentra ya en Esparta, menciona su impacto, cuando, por una floja túnica, puede ver el níveo pecho de Helena:

"tunica tua pectora laxa
atque oculis aditum nuda dedere meis
pectora vel puris nivibus vel lacte tuamve
complexo matrem candidiora Iove."

Y más adelante, el enamorado Paris, puntualiza:

"Iuppiter his gaudet, gaudet Venus aurea furtis;
haec tibi nempe patrem furta dedere Iovem.
vix fieri, si sunt vires in semine amorum,
et Iovis et Ledae filia casta potes."

A diferencia de las otras parejas, Helena, en la epistola 17, le envía a Paris su respuesta -un poco menos encendida, menos erotizada- y allí también, Ovidio nos hace otro regalo, otros dos guiños:

"...matris in admisso falsa sub imagine lusae error inest;
pluma tectus adulter erat
".

Y un poco más adelante, Helena es más específica contando su origen:

"dat mihi Leda Iovem cygno decepta parentem,
quae falsam gremio credula fovit avem".



Jean François Bremond

Salve Ovidio, gaudeamus....

(Para el Cisne, para que no olvide cómo conoció a Leda)

sábado, 15 de noviembre de 2008

Leda en las Metamorfosis de Ovidio (Aracne)


En el libro VI (I) de Las Metamorfosis del poeta del amor libre, profano y celestial, Ovidio, encontramos una breve referencia a Leda. Específicamente en los versos que tratan sobre la metamorfosis a la que sometió Minerva (Palas) a la prepotente y desafiante Aracne.
.
El rapto de Europa. Rubens. Museo del Prado

Minerva ofendida porque una mortal pretendió igualarle en arte y maestría con el bordado, acepta el desafío de la joven Aracne que se sentía superior a la diosa en el arte de bordar, sin reconocer que ese don le venía directamente de la diosa. La diosa llega metamorfoseada en anciana y aconseja a Aracne sobre el respeto que debe guardarle a los dioses. La joven la insulta, Minerva (la diosa guerrera), inundada de una ira inusitada acepta el desafío y revela toda su majetuosidad. Aracne no se inmuta. Comienza la competencia. En el último encuentro, Aracne borda, con especial maestría, como si de una verdadera diosa se tratara, escenas en las que se representaba a los Dioses mayores, principalmente a Zeus, metamorfoseados e infieles:

Aracne por su lado representó sobre su lienzo a Europa seducida por
Júpiter bajo la figura de Toro. La obra estaba tan acabada, que se hubiera creído ver,
en efecto, un verdadero toro y una verdadera mar.
Europa aparecía allí con los ojos vueltos hacia la ribera que acababa de dejar.
Parecía llamar a sus compañeras en su socorro, retirando sus pies por el temor de que fueran mojados.
También se veía dibujado a Asterios luchando con el águila de la que Júpiter había tomado la figura, y a Leda acariciada por el cisne.
Las demás aventuras de este Dios se veían representadas con inusitada belleza.
(...)
Estaba tan bellamente ejectuada, que Minerva no pudo encontrar en ella ningún defecto. La diosa, de ira despechada reprendió con violencia la veracidad de
los crímenes de los dioses allí representados.
Con la lanzadera rasgó de arriba abajo el tapiz y golpeó con fuerza la cabeza de Aracne,
quien, poseída de gran desesperación, huyó de la gente.

(...)

La fábula de Aracne (Las Hilanderas). Diego Velázquez. Museo del Prado

La maldición de la vengativa Diosa fue cruel y elocuente, como ejemplo para otros mortales que pretendieran igualar a los dioses en algún arte u oficio:

-Vivirás insolente Aracne, siempre de esta forma suspendida,
tal será tu castigo para toda la posteridad.

Al marcharse Minerva le arrojó el jugo de una hierba envenenada que le hizo caer los cabellos, la nariz y las orejas; la cabeza y el cuerpo disminuyeron;
las piernas y los brazos en partas delicadísimas tornaron, y el resto del cuerpo no presentó más que un grueso vientre.
De esta manera, en araña transformada,
sigue realizando con sus hilos la tarea a que estaba acostumbrada.

Aracne. Gustavo Doré (Ilustración elaborada para el Purgatorio de Dante)

Ovidio (Publio Ovidio Nasón, 43 a.C.-17 d.C.) nació en Sulmona, en Italia Central, de una familia acomodada. Amargó -según palabras de Indro Montanelli- a su padre negándose a seguir una carrera política y se proclamó designado personalmente por Venus para hablar de Eros. Entre sus obras más destacadas se encuentran: Metamorphoseon libri (en español, el libro de las Metamorfosis); De medicamine faciei feminae (Sobre el cosmético para el rostro de la mujer); Ars amatoria o Ars amandi (compuesta de tres libros., causó un verdadero escándalo en Roma a causa de su lenguaje gráficamente erótico); Remedia Amoris; Fasti (Festividades, era una obra poética de grandes pretensiones que Ovidio dejó inacabada por el destierro); Heroidas; Tristia (Tristezas); y Epistulae ex Ponto (Cartas desde el Ponto, son cuatro libros de cartas poéticas en dísticos elegíacos, dirigidas a su mujer y a sus amigos, para pedirles que intercedan por él ante Augusto).