Sobre Leto y la codorniz
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Es una de las hijas de los titanes Ceo y Febe. Con su hermana Asteria, fue venerada como diosa de la noche y alternativamente de la luz del día. Zeus intentó violar a su hermana Asteria, que se escapó transformándose en cordorniz, se arrojó al mar y se convirtió en la isla flotante Ortigia.
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De Leto, Hera, Zeus y el nacimiento de las ranas
Ser elegida como amante por el Rey del Olimpo -nuestro cisne- era un privilegio; no obstante, si el idilio era descubierto por Hera, esas dulces horas de pasión en brazos del dios tenían consecuencias muy amargas, inclusive para las diosas. A esto no escapó Leto (Λητώ), la diosa de las noches oscuras.
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La celosa Hera no perdonó jamás que su marido sintiera predilección por el tálamo de la noche y no por el de ella. Como castigo la desterró de la morada celestial y la condenó a vivir en la tierra, no sin antes proferir terribles amenazas para quien osara ayudarla. Leto anduvo vagando por mucho tiempo, pero no estaba sola pues en vientre llevaba a los hijos que el oráculo había pronosticado que serína muy poderosos. Cansada y sedienta, se acercó a un estanque para refrescarse. A punto estaba de beber cuando unos hombres, que seguían instrucciones de Hera, se introdujeron en el agua y movieron todo el lodo del fondo hasta hacerle intomable. Esto propició la ira de Leto quien le suplicó llorando a Zeus que les inflingiera un terrible castigo para los crueles mortales. El Gran Cisne no tardó en responder, y sin demora transformó a esos hombres en ranas gigantes, las cuales estarían condenadas a permanecer en el lodo.
Hermann Postumus, 1542
Una nueva metamorfosis y la licantropía
Para protegerla de la furia de sus temperamental esposa, nuestro Cisne transforma a Leto en loba. Bajo esta apariencia y aún perseguida por Hera quien le había prohibido a todos los dioses que la ayudaran, caminó durante doce días hasta llegar, con la ayuda de Neptuno, a la isla Ortigia, que estaba desierta y era su hermana. Hera intenta impedir el parto prohibiendo a su hija Ilitía, diosa de los partos, que la atienda, y cuando Leto ya tiene un retraso de 9 días los dioses conmovidos por sus dolores, hacen que nazca primero Artemisa (Luna), bajo un resplandor plateado. Rápidamente se volvió adulta y asistió a su madre, doce horas después en el parto del Apolo (Sol). La isla Ortigia queda fijada al fondo con 4 columnas y cambia su nombre por el de Delos, que significa brillante, en relación con Apolo, dios de la luz.
Leto da a luz a Artemisa y a Apolo en la isla de Delos (c.A. 1580)
Apenas nació Apolo, la isla de Delos se volvió dorada, los pájaros celebraron con sus cantos y la luz brilló todo el día. Satisfecho por sus nuevos hijos, Zeus les obsequió un carro con sus respectivos caballos y poderosos arcos y flechas, además de darles como misión recorrer todo su reino en turnos iguales. Hera no se mantuvo tranquila mientras los niños nacían y consiguió que Gea creara a la serpiente Pitón para que devorara a los hijos de Leto y el Cisne. Apolo creció rápidamente y se convirtió en uno de los dioses más hermosos jamás nacido. También rápidamente se instruyó en el las artes del combate, de la curación, de la música, la poesía y la adivinación. Su primera victoria fue contra la serpiente Pitón, que devastaba la campiña de Tesalia, centro espiritual de Grecia en la que se hallaba el templo que guardaba el gran oráculo. Después de este combate, Apolo fue nombrado como su principal guardián y poseedor del poder de saberlo todo y verlo todo (de allí que a las personas que conocen el futuro, a través de algunas de las mancias se les llamen pitonisas).
Apolo y la serpiente Pitón
P. P. Rubens
Letona
Johann Blaschke, 1786
Apolo (Febo) y Artemisa (Diana)
Giovanni Battista Tiepolo, 1757
Apolo, la apología de las metamorfosis: el heliotropo y el laurel
La belleza del dios Sol logró despertar fervientes pasiones tanto en diosas como en mortales casi todas con metamorfosis de por medio. Clitia, una joven doncella mortal fue una de sus más fieles enamoradas. Cada día se levantaba muy temprano -según una de los mitos- para vigilar el recorrido de Apolo hasta que él retornaba de sus labores. Ella había perdido el apetito y sólo se alimentaba de suspiros e ilusiones para Apolo, sus sueños de amor no eran correspondidos por el Dios Sol, por lo que poco a poco se fue consumiendo en una enorme pena de amor. Con el fin de evitarle la muerte, los dioses decidieron convertirla en girasol (heliotropo), pero aun así continua siguiendo a su amor eterno el Sol.
Clytie
Lord Leighton Fredric
Clytie
L. Hawkins
En otra ocasión, el rechazado sería nuestro dios Sol. Dafne era una ninfa hija del dios Peneo, que custodiaba los bosques y que había hecho votos de castidad en honor a su diosa Artemisa (Diana). Cierto día en que Apolo recorría el reino de su hermana, divisó a Dafne e inmediantamente quedó prendado de su belleza. Con el fin de seducirla, le dirigió algunas palabras, sin embargo la ninfa huyó dejando desconcertado al Dios que no tardó en perseguirla e insistirle en que no le haría daño pues sólo deseaba amarla. Pero Dafne no estaba segura de poder cumplir con sus votos, así que adelnató cuando pudo su carrera. A punto estaba de ser alcanzada por Apolo cuando imploró ayuda a los dioses quienes actuaron de inmediato. Los pies de la ninfa se hundieron en la tierra, su torso y sus extremidades se transformaron en corteza y de su larga cabellera brotó un frondoso follaje. Dafne se había convertido en el árbol de laurel. A partir de este episodio, el Dios Sol llevó sobre su cabeza una corono tejida con sus ramas y consagró al árbol como símbolo de la victoria.
Apolo y Dafne
John William Waterhouse, 1908
El ícono de Apolo es uno de los emblemas más admirados por el hombre. Los antiguos dedicaron en su honor el domingo, el Solis Dies, el más resplandeciente de los días que componen la semana y el favorito de los mortales para disfrutar de las bondades del Sol
Artemisa (Diana), diosa de la luna, la virgen cazadoraLo que observó Artemisa cuando ayudó a su madre a dar a luz a Apolo, le dejó consecuencias. Vio los sufrimientos de Leto y decidió que ella ni se casaría y guardaría la virginidad perpetua, don que recibió directamente del Cisne Olímpico. Le dio una comitiva de hermosas ochenta ninfas que debían hacer votos de castidad. Con ellas se dedicaba a la caza, su ocupación favorita.
Diana Cazadora
Pierre Auguste Renoir
Artemisa (Diana) es grave, severa, cruel e incluso vengativa, tal como Hera. Prevalece sin piedad contra todos los que ganan su resentimiento: no vacila en destruir sus cosechas, devastar sus manadas, sembrar epidemias a su alrededor, humillarles e incluso matar a sus hijos. A instancias de Leto se unió a Apolo para asesinar con su flechas a todos los hijos de la infeliz Níobe, que había presumido de su más numerosa prole. Trata a sus ninfas con el mismo rigor, y si alguna traiciona su voto de virginidad es castigada tal como le ocurre a Calisto (ya tratada en este blog).

Diana
Domenichino
Artemisa y su relación con el sexo masculino
Otro final también trágico, bajo la forma de animal condenado a la muerte, es el que sufre el osado Acteón, cazador que ha sido discípulo del afamado centauro Quirón, en ocasión de una inocente incursión cinegética en solitario en un terreno prohibido. Da la casualidad, que siempre es una forma del destino, que Acteón, a la orilla del agua del río, es testigo del baño de una maravillosa divinidad, que no es otra que Artemisa y la divina furia se apodera de la diosa.

Diana and Acteón
Bernardino Cesari
Artemisa no puede consentir que nadie la vea desnuda y luego contarlo, y, sin dudarlo, hace que el joven hijo de Aristeo se vea convertido en ciervo por su inmisericorde mandato, después sea perseguido por la jauría de feroces sabuesos, regalos de Hefesto, y aumentados con el paso del tiempo hasta llegar a cincuenta animales feroces y que éstos lo destrozan con saña, obedeciendo a la diosa. Se deja por sentado, que para Artemis no valen las casualidades y que la imprudencia es imperdonable, aunque lo que pasó fue sólo producto de la casualidad más que de la curiosidad. La horrible muerte, metamorfoseado en ciervo y devorado por un ejército desproporcionado de perros asesinos, no es más que un aviso para el resto de los varones, ya sean dioses o mortales.
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Pero la virginal diosa de la Luna sí se enamora, aunque sólo platónicamente, del pastor Endimión, a quien besaba cuando dormía tan suave que no se despertaba. Este nieto de Júpiter había logrado del amo del Olimpo el singular favor del sueño eterno. Siempre joven, sin envejecer ni morir, ni soñar con nada, dormía en una gruta del monte Latmos.

Diana y Endimión
Jerome-Martin Langlois
Un detalle licántropo de metamorfosis y relaciones.
Una vieja tradición emparentaba a Hécate con Leto, quien fue convertida, como ya señalamos en Loba por Zeus para poder huir de la persecusión de Hera y alumbrar así a sus dos gemelos. Una versión posterior llegó a convertir a Hécate en la hija de Leto. De esta forma, la diosa triforme (Hécate) aparece emparentada con Leto y Apolo.
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Para los antiguos, el lobo aparece consagrado al dios Sol, cuya imagen aparecía frecuentemente asociada en las monedas, y quien portaba epítetos como Lykeios, el lobo, o Lycogenes, nacido del lobo. El propio Apolo, según un mito, e imitando a su padre en eso de las metamorfosis, había adoptado en una ocasión la form del lobo para unirse con la ninfa Cirene.
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Gracias a Rosario (Charito, una de las cárites) por su colaboración