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jueves, 7 de mayo de 2009

De los hijos del Cisne y sus Olímpicas amantes (IV)

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Sabemos que el Cisne era poco serio en cuestiones de amores, o quizás era muy serio pero su fuego interior era tan grande que necesitaba unirse, copular, reproducirse con cuanta mortal o diosa se le antojara, por supuesto que ésta debía ser especialmente hermosa como en el caso de Leda. Pero como esta entrada está dedicada a las diosas y a sus uniones con el Olímpico Cisne, hoy nos toca hablar de las Cárites, las Gracias para los romanos, a las que todavía pedimos...

Sobre la madre de las Cárites: Eurínome

Parace ser que la madre que era una oceánide, hija de Océano y Tetis. Su nombre significa ‘amplio gobierno’ o la que comanda ampliamente. De sus virtudes maternales no hay dudas, tampoco de su bondad porque cuando Hefesto fue arrojado del Olimpo por Hera (porque su propia madre lo consideraba feo), Eurínome y Tetis lo recogieron en el fondo del mar.


Segun Boecio, Eurínome fue esposa de Ofión (en illo tempore) y reinó con él sobre los titanes antes de los tiempos de Crono. Pero cuando éste se alzó contra su padre, Eurínome fue vencida por Rea y arrojada al Tártaro o al fondo del mar (como que no había buena relación con la abuelita del Cisne). Algunos autores la hacen también madre, con Zeus del río Asopo. El artista Javier M., autor de cómics y pintor, nos deja en una bella ilustración un poco de esta historia de la madre de las Cárites.

Sobre las Cárites

Hesíodo nos cuenta en la Teogonía los orígenes de las Cariátides. Y, mejor que nuestro torpe dicurso, dejemos las palabras del gran vate nos iluminen:

"Y Eurinomia, la Oceanida, que tenía una belleza perfecta, parió a las tres cárites de hermosas mejillas: Aglea, Eufrosina y la amable Talía. Y emanando de sus párpados, enerva la fuerza del deseo; y bajo sus cejas, son dulces sus ojos".

No hay acuerdo entre cuántas eran, ni en su número, ni sus nombres están fijados. Tres suelen darse como fijas: eran las diosas del encanto, la belleza, la naturaleza, la creatividad humana y la fertilidad. Habitualmente se consideran tres, de la menor a la mayor: Aglaya (‘Belleza’), Eufrósine (‘Júbilo’) y Talía (‘Festividades’). Pero hay muchos nombres para tan mágica historia. Aquí les dejo algunos por los que se han paseado los poetas: Talía (la que hace florecer); Auxo (la que hace crecer); Calé (la hermosa); Eusofrine (la alegría); Aglaia (la radiante); Hegemone (la acrecentadora).


Poco se sabe de cómo fueron las circunstancias de su nacimiento, así que lo imaginamos hermoso, tranquilo: lleno de gracia. Se les representa como muy hermosas y es natural que así sea pues eran jóvenes y simbolizan la vida y el florecimiento. Parece que estaban al servicio de Afrodita (no podría ser de otra manera), y así no los relata Homero, en el canto VIII de la Odisea:

"La risueña Afrodita a Chipre y Pafos, donde tiene un bosque y un perfumado altar. Allí las Cárites la lavaron, la ungieron con el aceite divino que hermosea a los sempiternos dioses y le pusieron lindas vestiduras que dejaban admirado a quien las contemplaba".

Venus y las Gracias sorprendidas por un mortal
Jacques Blanchard

lunes, 30 de marzo de 2009

De los hijos del Cisne y sus Olímpicas amantes (III)

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Hesíodo, en su Teogonía canta el nacimiento de las nueve musas:
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"Comencemos por celebrar las musas que el padre Zeus, cantando, regocijan el alma grande en el Olimpo, morada de los Inmortales".
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Para la religión griega antigua, Mnemósine o Mnemosina (Μνημοσύνη Mnêmosúnê, de μνήμη mnếmê: la memoria ), era la personificación de la memoria. Esta Titanida era hija de Urano y Gea (es decir, tía de Zeus). Se cuenta que de la unión por nueve noches consecutivas del potente Zeus -nunca podemos dudar de la fuerza sexual del Cisne- con Mnemósine nacieron, en un parto múltiple, las nueve musas.
Así, el elegido por las musas, Hesíodo, nos cuenta su nacimiento:
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Las parió en la Pieria [Tracia], tras de unirse a su padre Zeus el Cronida, Mnemosina, que mandaba en las colinas de Eleuter, para que fuesen olvido de males y fin de penas. Durante nueve noches, unido a Mnemosina, el sabio Zeus, lejos de los Inmortales, subió al lecho sagrado; pero, después de un año, y desarrollado el curso de los meses, y al paso de días, parió ella nueve hijas, unánimes a quienes placía la música y que tenía en su seno un corazón tranquilo.
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Nueve diosas, nueve artes
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Hesíodo, el escritor de la génesis de los dioses dice (o canta, que presumimos que era aedo), de las nueve musas dice que alaban y celebran todas las creaciones de su padre, el Cisne, Zeus, el cronida y que habitan en el Olimpo. El mismo escritor nos da el nombre de cada una, según se cree es el primero que lo hace:
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He aquí lo que cantaban las Musas, que tienen moradas olímpicas, las nueve hijas engendradas por el gran Zeus: Clío, y Euterpe, y Talía, y Melpómene, y Terpsícore, y Erato, y Polimnia, y Urania, y Caliope.
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Fundamentalmente, las musas tienen el poder de iluminar a poetas y hombres, de hacer de su verbo algo fluído, son las inspiradoras por excelencia, incluso en la actualidad si alguien no se ha inspirado se dice que las musas lo han abandonado. Cada Musa tiene una especialidad o cualidad, por decirlo de alguna manera, y cuida e inspira un arte o una ciencia:
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Clío es la musa de la historia y aparece sentada, con un pergamino abierto o un cofre de libros o un gran libro:

Clío por Pierre Mignard

Erato es la musa inspiradora de la poesía amorosa, erótica y sensual... los artistas la representan con una lira:

Louis-Jean Francois Lagrende
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Euterpe es verdaderamente musical del grupo (aunque todas tienen relación con ese arte). Ella debe inspirar a los poetas que se dedican a la lírica. Nuestra Euterpe lleva una flauta, normalmente se le representa con una flauta doble o con varios instrumentos musicales:

The Muse Euterpe (1782) by Johann Heinrich The Elder Tischbein
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Calíope es la encargada de iluminar a los poetas para cantar la poesía épica (La Ilíada, por ejemplo), y aparece representada con una tablilla y un estilete, y a veces con un pergamino:

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Melpómene inspira la tragedia y aparece con una máscara trágica, la cabeza rodeada de hojas de parra y lleva coturnos:

Polimnia es la que cuida y vela por la poesía sacra y la geometría, normalmente la representan con serio rostro:

Luca Giordano (en el museo del Prado)
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Talía, la graciosa, es la musa de la comedia y aparece con una máscara cómica:


Talía
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Terpsícore es la bailarina del grupo, ella ilumina a los danzantes. Se le representa con un instrumento musical de cuerda (la lira o la viola) y, a veces, bailando:

Terpsícoree de Jean-Marc Nattier (1739)
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Urania es la científica del grupo, cuida la astronomía y la astrología y lleva siempre un compás y un globo celeste. En este hermoso cuadro la vemos acompañada de su hermana Caliope:


The Muses Urania y Calliope (1634), por Simon Vouet

Los poetas y las musas...

Homero aunque no habla directamente de las nueve musas, le pide a una de ellas que lo ilumine, presumimos que invoca a Calíope: En La Ilíada: "Canta, oh diosa, la cólera del Pélida Aquiles". Y en la Odisea: "háblame musa de aquel varón de multiforme ingenio..."
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Hesíodo recurre a las nueve musas para que lo iluminen, pues comenzará a narrar el nacimiento de todos los dioses (el proemium de la Teogonía): Decid cómo nacieron en un principio con los Dioses,
la tierra y los ríos, y el inmenso Ponto que bate furioso y los astros resplandecientes. Decidme estas cosas, Musas de moradas olímpicas, y cuáles de entre ellas fueron las primeras en un principio.

Quiénes si no las musas para iluminar a tanto artista cuando pintan, esculpen, bailan y alaban para el gozo de los siglos la unión del Olímpico Cisne con la mortal Leda..

domingo, 15 de febrero de 2009

De los hijos del Cisne y sus Olímpicas amantes: Leto (II)

Sobre Leto y la codorniz
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Es una de las hijas de los titanes Ceo y Febe. Con su hermana Asteria, fue venerada como diosa de la noche y alternativamente de la luz del día. Zeus intentó violar a su hermana Asteria, que se escapó transformándose en cordorniz, se arrojó al mar y se convirtió en la isla flotante Ortigia.
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De Leto, Hera, Zeus y el nacimiento de las ranas
Ser elegida como amante por el Rey del Olimpo -nuestro cisne- era un privilegio; no obstante, si el idilio era descubierto por Hera, esas dulces horas de pasión en brazos del dios tenían consecuencias muy amargas, inclusive para las diosas. A esto no escapó Leto (Λητώ), la diosa de las noches oscuras.
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La celosa Hera no perdonó jamás que su marido sintiera predilección por el tálamo de la noche y no por el de ella. Como castigo la desterró de la morada celestial y la condenó a vivir en la tierra, no sin antes proferir terribles amenazas para quien osara ayudarla. Leto anduvo vagando por mucho tiempo, pero no estaba sola pues en vientre llevaba a los hijos que el oráculo había pronosticado que serína muy poderosos. Cansada y sedienta, se acercó a un estanque para refrescarse. A punto estaba de beber cuando unos hombres, que seguían instrucciones de Hera, se introdujeron en el agua y movieron todo el lodo del fondo hasta hacerle intomable. Esto propició la ira de Leto quien le suplicó llorando a Zeus que les inflingiera un terrible castigo para los crueles mortales. El Gran Cisne no tardó en responder, y sin demora transformó a esos hombres en ranas gigantes, las cuales estarían condenadas a permanecer en el lodo.

Hermann Postumus, 1542

Una nueva metamorfosis y la licantropía

Para protegerla de la furia de sus temperamental esposa, nuestro Cisne transforma a Leto en loba. Bajo esta apariencia y aún perseguida por Hera quien le había prohibido a todos los dioses que la ayudaran, caminó durante doce días hasta llegar, con la ayuda de Neptuno, a la isla Ortigia, que estaba desierta y era su hermana. Hera intenta impedir el parto prohibiendo a su hija Ilitía, diosa de los partos, que la atienda, y cuando Leto ya tiene un retraso de 9 días los dioses conmovidos por sus dolores, hacen que nazca primero Artemisa (Luna), bajo un resplandor plateado. Rápidamente se volvió adulta y asistió a su madre, doce horas después en el parto del Apolo (Sol). La isla Ortigia queda fijada al fondo con 4 columnas y cambia su nombre por el de Delos, que significa brillante, en relación con Apolo, dios de la luz.

Leto da a luz a Artemisa y a Apolo en la isla de Delos (c.A. 1580)

Apenas nació Apolo, la isla de Delos se volvió dorada, los pájaros celebraron con sus cantos y la luz brilló todo el día. Satisfecho por sus nuevos hijos, Zeus les obsequió un carro con sus respectivos caballos y poderosos arcos y flechas, además de darles como misión recorrer todo su reino en turnos iguales. Hera no se mantuvo tranquila mientras los niños nacían y consiguió que Gea creara a la serpiente Pitón para que devorara a los hijos de Leto y el Cisne. Apolo creció rápidamente y se convirtió en uno de los dioses más hermosos jamás nacido. También rápidamente se instruyó en el las artes del combate, de la curación, de la música, la poesía y la adivinación. Su primera victoria fue contra la serpiente Pitón, que devastaba la campiña de Tesalia, centro espiritual de Grecia en la que se hallaba el templo que guardaba el gran oráculo. Después de este combate, Apolo fue nombrado como su principal guardián y poseedor del poder de saberlo todo y verlo todo (de allí que a las personas que conocen el futuro, a través de algunas de las mancias se les llamen pitonisas).

Apolo y la serpiente Pitón
P. P. Rubens

Letona
Johann Blaschke, 1786



Apolo (Febo) y Artemisa (Diana)
Giovanni Battista Tiepolo, 1757


Apolo, la apología de las metamorfosis: el heliotropo y el laurel

La belleza del dios Sol logró despertar fervientes pasiones tanto en diosas como en mortales casi todas con metamorfosis de por medio. Clitia, una joven doncella mortal fue una de sus más fieles enamoradas. Cada día se levantaba muy temprano -según una de los mitos- para vigilar el recorrido de Apolo hasta que él retornaba de sus labores. Ella había perdido el apetito y sólo se alimentaba de suspiros e ilusiones para Apolo, sus sueños de amor no eran correspondidos por el Dios Sol, por lo que poco a poco se fue consumiendo en una enorme pena de amor. Con el fin de evitarle la muerte, los dioses decidieron convertirla en girasol (heliotropo), pero aun así continua siguiendo a su amor eterno el Sol.

Clytie
Lord Leighton Fredric


Clytie
L. Hawkins

En otra ocasión, el rechazado sería nuestro dios Sol. Dafne era una ninfa hija del dios Peneo, que custodiaba los bosques y que había hecho votos de castidad en honor a su diosa Artemisa (Diana). Cierto día en que Apolo recorría el reino de su hermana, divisó a Dafne e inmediantamente quedó prendado de su belleza. Con el fin de seducirla, le dirigió algunas palabras, sin embargo la ninfa huyó dejando desconcertado al Dios que no tardó en perseguirla e insistirle en que no le haría daño pues sólo deseaba amarla. Pero Dafne no estaba segura de poder cumplir con sus votos, así que adelnató cuando pudo su carrera. A punto estaba de ser alcanzada por Apolo cuando imploró ayuda a los dioses quienes actuaron de inmediato. Los pies de la ninfa se hundieron en la tierra, su torso y sus extremidades se transformaron en corteza y de su larga cabellera brotó un frondoso follaje. Dafne se había convertido en el árbol de laurel. A partir de este episodio, el Dios Sol llevó sobre su cabeza una corono tejida con sus ramas y consagró al árbol como símbolo de la victoria.


Apolo y Dafne
John William Waterhouse, 1908

El ícono de Apolo es uno de los emblemas más admirados por el hombre. Los antiguos dedicaron en su honor el domingo, el Solis Dies, el más resplandeciente de los días que componen la semana y el favorito de los mortales para disfrutar de las bondades del Sol

Artemisa (Diana), diosa de la luna, la virgen cazadora


Lo que observó Artemisa cuando ayudó a su madre a dar a luz a Apolo, le dejó consecuencias. Vio los sufrimientos de Leto y decidió que ella ni se casaría y guardaría la virginidad perpetua, don que recibió directamente del Cisne Olímpico. Le dio una comitiva de hermosas ochenta ninfas que debían hacer votos de castidad. Con ellas se dedicaba a la caza, su ocupación favorita.


Diana Cazadora
Pierre Auguste Renoir

Artemisa (Diana) es grave, severa, cruel e incluso vengativa, tal como Hera. Prevalece sin piedad contra todos los que ganan su resentimiento: no vacila en destruir sus cosechas, devastar sus manadas, sembrar epidemias a su alrededor, humillarles e incluso matar a sus hijos. A instancias de Leto se unió a Apolo para asesinar con su flechas a todos los hijos de la infeliz Níobe, que había presumido de su más numerosa prole. Trata a sus ninfas con el mismo rigor, y si alguna traiciona su voto de virginidad es castigada tal como le ocurre a Calisto (ya tratada en este blog).

Diana
Domenichino

Artemisa y su relación con el sexo masculino

Otro final también trágico, bajo la forma de animal condenado a la muerte, es el que sufre el osado Acteón, cazador que ha sido discípulo del afamado centauro Quirón, en ocasión de una inocente incursión cinegética en solitario en un terreno prohibido. Da la casualidad, que siempre es una forma del destino, que Acteón, a la orilla del agua del río, es testigo del baño de una maravillosa divinidad, que no es otra que Artemisa y la divina furia se apodera de la diosa.


Diana and Acteón
Bernardino Cesari

Artemisa no puede consentir que nadie la vea desnuda y luego contarlo, y, sin dudarlo, hace que el joven hijo de Aristeo se vea convertido en ciervo por su inmisericorde mandato, después sea perseguido por la jauría de feroces sabuesos, regalos de Hefesto, y aumentados con el paso del tiempo hasta llegar a cincuenta animales feroces y que éstos lo destrozan con saña, obedeciendo a la diosa. Se deja por sentado, que para Artemis no valen las casualidades y que la imprudencia es imperdonable, aunque lo que pasó fue sólo producto de la casualidad más que de la curiosidad. La horrible muerte, metamorfoseado en ciervo y devorado por un ejército desproporcionado de perros asesinos, no es más que un aviso para el resto de los varones, ya sean dioses o mortales.
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Pero la virginal diosa de la Luna sí se enamora, aunque sólo platónicamente, del pastor Endimión, a quien besaba cuando dormía tan suave que no se despertaba. Este nieto de Júpiter había logrado del amo del Olimpo el singular favor del sueño eterno. Siempre joven, sin envejecer ni morir, ni soñar con nada, dormía en una gruta del monte Latmos.

Diana y Endimión
Jerome-Martin Langlois

Un detalle licántropo de metamorfosis y relaciones
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Una vieja tradición emparentaba a Hécate con Leto, quien fue convertida, como ya señalamos en Loba por Zeus para poder huir de la persecusión de Hera y alumbrar así a sus dos gemelos. Una versión posterior llegó a convertir a Hécate en la hija de Leto. De esta forma, la diosa triforme (Hécate) aparece emparentada con Leto y Apolo.
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Para los antiguos, el lobo aparece consagrado al dios Sol, cuya imagen aparecía frecuentemente asociada en las monedas, y quien portaba epítetos como Lykeios, el lobo, o Lycogenes, nacido del lobo. El propio Apolo, según un mito, e imitando a su padre en eso de las metamorfosis, había adoptado en una ocasión la form del lobo para unirse con la ninfa Cirene.
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Gracias a Rosario (Charito, una de las cárites) por su colaboración

domingo, 8 de febrero de 2009

De los hijos del Cisne y sus Olímpicas amantes (I)

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Hemos tocado algunos de los romances más famosos de Zeus como el caso del rapto de Europa o la lluvia dorada que cubrió a Dánae, sólo por citar ejemplos de las múltiples transformaciones y metamorfosis del Olímpico. Sin embargo, hay otras historias, muchas, todas relacionadas con los amores secretos y ocultos del Cisne.

Pero como los amores de Zeus fueron múltiples y con variadas relaciones y consecuencias, sobre todo por la descendencia, hoy les dejo la primera de una serie: De los hijos del Cisne y sus Olímpicas amantes (algunas implican metamorfosis, varias, tanto de Zeus, como de Hera, como de los celestinos o de la "víctima del Cisne", y de consecuencias y relaciones insospechadas con el mito de Leda y sus descendientes).

De los descendientes más famosos -todavía tengo en deuda una entrada sobre Palas Athenea- se encuentra Hermes (Mercurio, para los romanos) ...
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Hablemos de sus padres
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Maia (Maya o en griego Μαία), diosa de las praderas y de las montañas (relacionada según los romanos con la agricultura también) fue uno de las grandes amores y quizás la predilecta de nuestro Cisne. Era la mayor de las siete Pléyades, hijas de Atlas y Pléyone.

Maia, Hermes y Zeus

Maya era la más tímida de las siete, quizás esto hizo que nuestro Cisne se enamorara perdidamente de ella. Se cuenta que Zeus al verla quedó completamente hechizado y se fue a buscarla en el Monte Cilene y en el que pasó largas temporadas de Paz y Armonía, que culminaron con el nacimiento de Hermes. Maya dio a luz cuando recién despertaba la Aurora (de rosáceos dedos), en una gruta del monte Cilene, en Acadia; envolvió al pequeño Hermes en pañales e interpuso en la entrada una horquilla con el fin de que nadie lo perturbara mientras ella salía. Apenas Maia se alejó, Hermes se convirtió en un adolescente y se escapó, tarambana como el padre, en búsqueda de aventuras.

Sobre Hermes

Hermes es el dios de la elocuencia, de los ladrones, de los comerciantes, de los viajeros, también es el encargado de transportar las almas al Avernos. Es el mensajero de los dioses (nuntius deorum est), pero principalmente de Zeus, su padre, a quien secundó en cada jugada, trampa o negociación para convencer a un tercero. Se le vio involucrado en la búsqueda de esposo para Thetis (la madre de Aquiles) y en la elección de la Diosa más hermosa (en la que Venus le ofrece a Helena -la hija de Leda-) al juez seleccionado: Paris.


El juicio de Paris. Peter Paul Rubens

Hermes se escapa recién nacido (pero ya adolescente) de la cueva en la que lo había dejado su madre. En el camino al Olimpo tropezó con Cupido, al cual le robó las flechas y el carcaj. Esto resultó gracioso para los dioses, quienes al tiempo que celebraban la travesura de Hermes, no se percataron de que el pequeño bribón también había tomado la espada de Ares, el tridente de Poseidón, el ceñidor de Afrodita y el cetro del mismísimo Olímpico Cisne.

Hermes. Peter Paul Rubens


Por el desastre ocasionado, los dioses decidieron expulsarlo de la morada celestial y lo enviaron a la tierra. De esta manera el jovencísimo Dios llegó hasta las praderas de Pieria, donde Apolo tenía un enorme rebaño de vacas. Cayó la noche y Hermes sintió hambre y robó las reses del Sol. Al amanecer, Apolo notó la ausencia en su rebaño y comenzó una búsqueda que resultó inútil, pues nadie le informaba sobre el paradero del ganado.


La única informacióon que recibió fue de unos sátiros que por allí andaban quienes le contaron haber visto a Hermes tocando un instrumento nunca antes visto y haciendo una música jamás escuchada. Esto llamó la atención de Apolo y fue en su búsqueda. Al observar el instrumento, Apolo se dio cuenta de que Hermes era el ladrón, pues había construido el instrumento sonoro con un concha de tortuga y las tripas de las vacas que se había comido. El Dios Sol denunció el caso ante el Olímpico Cisne, Maia intervino y negó todo, pero la evidencia era contundente. Zeus obligó a su hijo a devolver las vacas faltantes, pero aún faltaban las dos que se había comido Hermes, y para compensar la pérdida el tarambana adolescente le regaló a Apolo lo que había creado: la primera lira. El dios de la música (Apolo) se sintió tan satisfecho con el obsequio que le otorgó a Hermes una vara de avellano que poseía la virtud de conciliar cualquier elemento en conflicto. Deseoso de utilizarla la interpuso entre dos serpientes en lucha que se enrollaron rápidamente en ella y a las cuales ordenó permanecer siempre unidas. De esta manera se formó el caduceo, emblema del poder de Hermes.



En su estadía con los mortales -que el cisne no tan rápido se dejó convencer para aceptarlo en el Olimpo- ejerció el oficio de pastro y recorrió las grandes ciudades mostrando su habilidad con las palabras, hecho que lo convirtió en el Dios de la elocuencia, de las letras y de los viajeros. También se dedicó al comercio y perfeccionó el sistema de intercambio a través de la invención de la moneda y de las medidas, mérito que le confirieron el título de protector de los mercaderes. A pesar de estar haciendo una excelente labor para mejorar la vida de los mortales y de los destrozos causados en el Olimpo, los dioses extrañaban al inquieto de Hermes, además que comprendían lo útil que sería tenerlo entre ellos. Por su carácter versátil y enérgico, el hijo de Zeus fue nombrado mensajero oficial de los dioses. Con el fin de hacerlo más veloz le regalaron unas sandalias de oro aladas y un sombrero (petaso) igualmente alado con los que podría viajar lo suficientemente rápido hacia cualquier lugar incluyendo el reino de Hades.

Hermes fue, tal vez, el hijo favorito de Zeus y el menos querido por Hera (incluso menos que Heracles), pues ella sabía que el más tramposo de los dioses haría cualquier cosa para encubrir las escapadas amorosas del cisne.

Una historia, varias metamorfosis: una amante vaca y un pavo real

En una ocasión Hera descubrió el romance que Zeus sostenía con Ío, la hija del dios río Inaco. El Cisne aprovechaba las horas en las que su esposa descansaba, para bajar a la tierra para visitar a su amante escudado en una gran nube oscura. Un día Hera despertó más temprano que de costumbre y fue a observar su reino: la atmósfera. No obstante Hera observaba que las nubes no estaban en sobre el mar tal como tenían que estar. Inmediatamente la astuta Hera bajó a confirmar sus sospechas y Zeus, que se había percatado del peligro de ser descubierto, transformó a Ío en vaca. Como prueba de su inocencia, la celosa Hera pidió que el Dios le obsequiara la res. Zeus no pudo negarse -a nadie se le negaba- y afligido cedió a la petición. Hera encerró a Ío bajo la vigilancia de su sirviente Argos, poseedor de cien ojos que alternaba para no dormirse.

Hermes asesina a Argos. Peter Paul Rubens


En su afán por liberar a su amante, Zeus solicitó ayuda a Hermes quien, tras haberle narrado un sinfín de historias, sumió al celador en un profundo sueño y lo decapitó. La tristeza de Hera fue tal que colocó los ojos de Argos en la cola del pavo, su ave sagrada, nombrado desde entonces: pavo real.


Y una relación más... Pero de carácter astrológica: Mercurio (Hermes) es el principal arquetípico de la comunicación, sea a través de la voz, la lectura, la escritura o los viajes. De igual manera, es el símbolo de la salud y curación.

Hermes simboliza el dominio de la mente sobre el espíritu y la materia y rige dos signos del zodiaco comunes, relacionados con la enseñanza: Géminis y Virgo. Mutable o común significa literalmente “variable”, siendo propensos a tener (casi todo al doble o más): más de una ocupación, hijos, matrimonios, oficios, intereses, etc.

Ya sabemos un poco más sobre su relación con los Gémelos Pólux y Cástor aunque sea a nivel astrológico. Se sabe que Mercurio (Hermes) cuando rige a los nacidos bajo el signo de Géminis éstos son rápidos, ingeniosos, graciosos y conversadores. Para los geminianos la palabra es importante (el cómo se dijo y qué palabras se usaron) y no podía ser de otra manera, Hermes es el Dios de la elocuencia...


(Gracias Rosario)